Cultura 16-12-2020

 

 

"Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad;
la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”. 

Con estas palabras comienza Charles Dickens, «Historia de dos ciudades»,narrando la vida en el siglo XVIII; la Revolución Francesa de 1789 marcó un
antes y un después en la historia mundial. Napoleón emergió en esta Revolución y tuvo un admirador dentro de la música que le dedicó una sinfonía…. Este hombre fue Ludwig van Beethoven. A esta obra la tituló La heroica pero, cuando Bonaparte se autoproclamó emperador, el compositor tachó con lápiz su nombre; rompió la hoja y dejó la marca de su enojo.

 

Beethoven nació en diciembre de 1770, probablemente el 16, pero, también pudo haber sido el 15. El compositor vivió sus primeros años creyendo que había nacido en 1772 y este no es un dato menor para entender cómo este niño se convirtió en una de las figuras más importantes a nivel mundial y que hoy, a 250 años de su nacimiento, continúa deleitando con su obra, cada rincón delmundo.


Beethoven y Mozart ¿se conocieron?
Johann, el padre de Ludwig, admiraba al niño prodigio músico de la época, un tal Mozart e hizo todo lo que estuvo a su alcance para que su hijo también fuera reconocido tempranamente, a tal punto que lo despertaba durante la noche para que practicara sus lecciones de piano.
El primer maestro de Ludwig fue su propio padre, pero sus conocimientos pedagógicos y musicales eran limitados y debió buscar otro maestro. Aquí comenzó su formación con el compositor y director de orquesta Christian Neefe, quien también lo instruyó en filosofía. A los 11 años, en 1782, estrenó su primera composición. Luego de esta presentación, se decía que podía llegar a ser el próximo Mozart. De hecho, gracias a su maestro Neefe, Beethoven fue
contratado en la corte del príncipe de Colonia (Alemania).
En 1787 Beethoven viajó a Viena, para tomar clases con los grandes y reconocidos compositores de la época como Haydn o Mozart. Debido a este viaje nació la leyenda de un posible encuentro con Mozart en el que este último expresó el gran talento del joven Ludwig. Sin embargo, en ese momento, Mozart estaba abocado a la composición de su ópera Don Giovanni y no lo recibió. Años mas tarde cuando Beethoven regresó a Viena, Mozart ya había
muerto.

Con quien si toma clases, es con Haydn (uno de los maestros de Mozart) durante dos años en 1792, pero Haydn, destacado a principios del clasicismo tenía sus diferencias con el joven y ya demostrado genio Beethoven. Uno seguía las viejas reglas de composición, mientras el otro, quería aprenderlas para conocerlas y luego romperlas. De todas formas, esos enfrentamientos intelectuales musicales los unían y se dibujaban en un reconocimiento mutuo por parte del alumno al maestro, y del maestro al alumno.

 

La historia de “Para Elisa”

Sin dudas la obra «Para Elisa» es una de las más populares no solo del compositor, sino de la música en sí, todos alguna vez la debemos haber escuchado, o incluso todos los pianistas la estudiaron en algún momento de su formación; pero esta obra tiene sus misterios…

Para empezar, es una obra que Beethoven nunca publicó, sino que fue rescatada de un cuaderno del compositor y publicada 40 años después de su muerte. En los archivos originales de sus obras en general, se ve como Beethoven escribía, hacía y deshacía; borraba y tachaba. Armarla fue casi un rompecabezas y probablemente la versión de hoy en día no sea exactamente la que el compositor escribió alrededor del año 1810.

La caligrafía de Beethoven no era la más clara y se dice que en realidad “Elisa” se llamaba Teresa, una alumna del compositor con quien parece que se iba a casar, pero al final esto no sucedió, Beethoven nunca se casó. Otra posibilidad es que Beethoven le dijera a modo de juego Elisa a Teresa.

 

Composición vs. sordera

La disminución auditiva fue progresiva, se cree que comenzó alrededor de los 25   años. En el año 1800 expresó en una carta como empezó a darse cuenta de su perdida auditiva; esto lo condujo a asistir a menos reuniones sociales y caer en una profunda depresión. La razón de su sordera es desconocida, una teoría es por sífilis, aunque en 1985 dos médicos vieneses Bankl y Jesserer publicaron un libro donde explican la posible causa haya sido una otosclerosis, un crecimiento anormal de los huesos del oído interno y estos no pueden vibrar correctamente ante la escucha de un sonido.

A pesar de todo Beethoven siguió componiendo, cualquier persona cierra los ojos, se concentra y puede imaginar cómo es la voz de su mamá, su papá, o incluso como suena su teléfono celular; pero, un compositor como Beethoven tenía en su «oído interno» el sonido de la orquesta, los violines, los cellos, los vientos e incluso un coro; de esta forma fue posible su novena Sinfonía , la cual es la primer sinfonía de la historia en contar con una parte coral y cantantes solistas (hasta ese momento eran puramente orquestales). La parte vocal cuenta con un poema de Friedrich Schi­ller de 185, la alegría y la unión del hombre, la llamada «Oda a la alegría» con sus primeros versos:

¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario.

El estreno de la obra fue a sala llena el 7 de mayo de 1824, el publico quedó enloquecido y los aplausos llovían por todo el teatro, los cuales Ludwig nunca escuchó; solamente pudo ver la reacción de los espectadores luego que un solista le indicó voltear su atención. El compositor y director recibía los aplausos que anunciaban el final de su carrera, siendo esta, la última aparición de Beethoven en público.

En ese momento de euforia, Beethoven solo tenía silencio, y en ese silencio se retiró a su casa, lugar donde muere el 26 de marzo de 1827 con 56 años de edad.