Cultura 20-07-2020

MÚSICA Y ORATORIA: ¿ADMIRACIÓN O ROBO?

 

 

Por Juan Pedro Tamburelli


 

Antes de seguir leyendo, vamos a hacer un juego; pensemos en una persona que tenga un talento, esa que le decimos - Dale, cociná vos que te sale rico- o aquella que dibuja rostros y  nos sentimos intimidados por las facciones y rasgos de la cara, porque uno realmente siente que lo están mirando. O capaz pensaron en alguien que cuenta chistes, pero es una de esas persona que antes de que empiecen a hablar ya sabés que te vas a reír. Pensemos en alguna de esas personas que por más que no lo reconozcan, saben que algo saben. ¿Se lo imaginaron?

 

En el año 1580, en la ciudad de Florencia, existía el grupo Camerata, personas críticas del arte,  que se reunían, debatían y se oponían al tipo de música que se componía en ese momento, y  en uno de los encuentros se preguntaron algo similar. ¿A qué admiramos? ¿A quién admiramos?  En ese instante, se levanta un viejito de barba larga, llamado Vicenzo Galilei, padre de Galileo, y cuenta la admiración que sentía por la antigua Grecia, la ciudad de Atenas del siglo V antes de nuestra era, donde por las plazas podíamos encontrar caminando en ojotas a Platón  y haciendo discursos sobre cómo deberían estar organizadas las polis (las ciudades de la época) que no debían tener más de 5.000 habitantes, que ya con 100.000 eran ingobernables, o también exponiendo sus ideas acerca de cómo debía ser la educación. Aristóteles, otro personaje de la época, decía –hay que tener mucho cuidado con la música con la que se educa a los jóvenes, porque esta tiene el poder de moldear el carácter- o también -escuchar música es excelente para el ocio y el tiempo libre, pero no así la ejecución o producción con instrumento, ya que es un trabajo manual,  indigno de un hombre libre-.

 

Hay que tener en cuenta, en esta época, que Atenas tenía una sociedad dividida en dos grandes grupos, los esclavos, y los libres; y entre los libres, estaban los llamados ciudadanos, que eran los que participaban en la Asamblea. El medio que utilizaban para participar en ella era la palabra y si bien los griegos de esa época vivían en una democracia, no era tal cual la conocemos hoy. En ese momento sólo los ciudadanos podían ocupar cargos políticos, y para esta situación, durante su etapa de formación, recibían instrucción no sólo en lectura, escritura, artes marciales, música sino también había un espacio dedicado a la oratoria y la elocuencia.  

 

-Esa manera efectiva que tienen algunos de hablar, esa capacidad de convencer con lo que dicen, de dirigir emociones sólo con un discurso hablado, ¿y qué pasará si aplicamos este tratamiento de la palabra a la música?- agregó Vicenzo.

Esta idea fue rechazada y criticada por un grupo de personas, pero por el contrario, otro grupo de personas la tomó, y la puso en práctica. 

Para concluir, veremos que esa idea tal vez no fue tan mala. A los pocos años, en el 1600 surge el período Barroco, donde las obras artísticas visuales, o musicale, debían transmitir sentimientos como el dolor, tristeza, felicidad, miedo y el espectador debía sentirlo de manera fácil y rápida.  A su vez desde el momento en que la oratoria y la música se unen, la palabra pasa a un primer plano, y, obviamente aparecen nuevos géneros vocales, el canto solista por ejemplo. En la música instrumental pasó lo mismo; aparecen géneros instrumentales nuevos, y otros preexistentes actualizados y modificados.

 
UNA DE ELLAS TOMÓ “PRESTADAS” IDEAS DE LA OTRA Y NUNCA LAS DEVOLVIÓ

 

Además, los conjuntos instrumentales se hicieron más numerosos. Nace el rol de director, la orquesta, el compositor. Todos estos, años más adelante, aparecen desarrollados y en continua transformación a partir de un género nuevo y que todos, aunque sea de nombre conocemos: la Ópera.

Albert Einstein decía Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres.