Cultura 25-10-2020

AL LADO DE UN GENIO, SIEMPRE HAY OTRO GENIO

 

 

Por: JUAN PEDRO TAMBURELLI

 

El hombre que fue música creaba música todo el día y toda la noche y todo el día y más allá del día y más allá de la noche, como corriendo contra la muerte, como sabiendo que ella se lo llevaría temprano; así lo definía Eduardo Galeano.

En música hay algo que nunca nos vamos a cansar de decir y es que todos podemos aprenderla, todos podemos cantar, tocar un instrumento o incluso componer, pero no hay que ser un genio. Es verdad que hubo varios a lo largo de historia, y hoy vamos a hablar de uno que se destacó demasiado... Wolfgang Amadeus Mozart. 

 

Nació en Salzburgo, Austria en 1756 rodeado de música, su padre Leopold Mozart era profesor de música, y enseñó teclado a su propia hija Maria Anna cuando tenía 7 años frente a la atenta mirada y fascinación del pequeño Wolfgang de tan solo 3. Este pequeño a los 4 años compuso su primera obra, un mini concierto de piano de 10 compases con una duración aproximada de 30 segundos, titulada Andante en Do Mayor (KV 1a). 

Siempre la historia se preguntará quién fue más genio, si el propio Wolfgang o su padre Leopold quien lo educó musicalmente (más allá de que en el resto de las asignaturas también fue su padre quien lo educó). El talento en el pequeño Mozart existía, su primer concierto lo realizó a los 5 años, y su padre lo llevó a recorrer las cortes europeas, mostrando su virtuosismo e impresionando a los adultos tocando el violín con los ojos vendados. Un juego bastante común hoy en día el hecho de aprender una melodía en un instrumento y tocarla con los ojos cerrados, pero debemos  tener en cuenta que Leopold hizo uno de los primeros métodos de enseñanza de violín, y con una brillante mirada, el juego era puesto en práctica y su mayor experimento del método era su propio hijo.

 

Entre las genialidades de Wolfgang Amadeus Mozart se destacaba que podía escuchar una obra sólo una vez y repetirla en un instrumento, o transcribirla en partitura.  Hay una leyenda que dice que a los 14 años escuchó en la Capilla Sixtina la obra Misere Mei Deus del compositor Allegri y la transcribió en papel; acción que estaba prohibida.

Otros aspectos que resalta, (y probablemente sea el más envidiado) es que él componía en un solo intento; no se equivocaba, en sus partituras originales no hay tachones o marcas de haber borrado lo que escribía (como sí se encuentran en las de Beethoven, a quién veremos más adelante).

Incluso entre sus curiosidades está el hecho que en su ópera Don Giovanni (Don Juan en italiano), la obertura, es decir la introducción instrumental de la ópera, la compuso el día anterior al estreno; algunos dicen que fue escrita el mismo día del estreno, pero la versión que más concuerda es la del día antes. 

 

A lo largo de su carrera escribió más de 600 obras (según registros actuales 626), si alguien quisiera transcribir todas sus obras tardaría 25 años, trabajando 10 horas por día. 

Entre alguna de sus obras más conocidas encontramos

- Rondo Alla Turca, la conocida Marcha Turca, que corresponde al último movimiento de la Sonata para piano nº11

- Pequeña serenata nocturna

- Aria de la Reina de la Noche de la ópera La flauta mágica

Casi sin lugar a duda Mozart murió componiendo su mejor obra: el Réquiem en re menor K626, pero en el medio enfermó y a pesar de la ayuda de su alumno,  Franz Xaver Süssmayr, (y no Sallieri como en la película) no llegó a terminarla y poder estrenarla en vida. Igual su alumno había recibido indicaciones de cómo terminarla.

 

Mozart muere a los 35 años, en 1791. Un hombre cuya música suena hasta hoy, y sus obras tienen mucho valor, pero la muerte lo encuentra gozando de fama, Sus obras, muy solicitadas pero su música… su música tenía poco valor- Murió endeudado.

A largo de su vida se decía que su habilidad era innata, y él alguna vez supo responder “Es un error pensar que la práctica de mi arte se ha vuelto fácil para mí. Le aseguro, querido amigo, nadie estudia tanto como yo”.