Editoriales


Por: Laura Calle Rodriguez.

 

Los días son cada vez más largos. Los meses se volvieron eternos. A medida que por fin parece que estamos llegando al límite de la cuarentena, se nos suman otros quince días. Y lo peor, o tal vez lo mejor de todo esto, es que no hay nada que podamos hacer al respecto más que cuidarnos y permanecer en casa. Sabemos que la economía es un motor de preocupación porque ya veníamos padeciéndola desde antes del Covid19; pero no podemos solucionar nada con sumarle nuestra angustia. Es momento de relajarnos y tratar de mirar el futuro con otros ojos.

En el encierro aprendimos a conocernos, a saber lo que queremos para nosotros y lo que ya no queremos más en nuestra vida. Es momento de aprovechar este aislamiento social obligado para perfeccionarnos en lo que amamos; realizar cursos de lo que siempre nos llamó la atención y por cuestiones de tiempo o prioridades nunca llegamos a hacer realidad o comenzar algo totalmente diferente. Quién sabe si ese nuevo comienzo no resulta ser lo más interesante de nuestra vida. Lo que tenemos claro es que algo positivo nos tiene que dejar todo este surrealismo que ni en nuestras peores pesadillas hubiésemos imaginado vivir.

Necesitamos seguir poniéndole onda a cada cosa, y a veces ya no nos queda ni onda, ni ganas, ni esperanza, pero lo cierto es que no podemos modificar nada en este momento. No es una tarea sencilla, pero es imperiosa de ser realizada. A esta altura del aislamiento social pasamos por todos los estados: estuvimos durmiendo horas, vimos todas las series nuevas, cocinamos (algunos por primera vez), leímos, realizamos videollamadas para contactarnos con amigos y familiares de todo el mundo; nos deprimimos, lloramos pero nuestro motor interior, afortunadamente, nos mantiene de pie y no va a dejarnos caer. Es por eso que lo que no podamos solucionar hoy es mejor que no sea motivo de aflicción. Tal vez debamos utilizar ese tiempo para pensar en nosotros; para analizar lo que cambiaríamos y que sí está en nuestro poder hacer. Hay actitudes inherentes a cada personalidad que a lo mejor se podrían intentar modificar. Nos pasamos la vida corriendo y ahora tenemos ese tiempo para centrarnos en lo verdaderamente importante: nosotros mismos.

Si no podemos estar bien, aunque se solucionen nuestras cuestiones financieras, siempre sentiremos esa carencia; siempre necesitaremos ir por más. Y no está mal correr detrás de nuestros anhelos pero… ¿A costa de qué? Estamos cada uno probando el límite de nuestra paciencia e increíblemente algunos días nos creemos invencibles mientras que otros, todo nos cuesta el doble.

Nos angustia no saber como se seguirá trabajando; tal vez algunas empresas consideren la posibilidad de ahorrar en espacio físico y servicios y continúen con la modalidad de trabajo a distancia. El empleador ahorra en espacio y servicios y el empleado no debe gastar en viáticos y puede disponer de su tiempo más holgadamente. De todas maneras, esta tampoco es una decisión que tengamos a nuestro alcance.

Lo cierto es que, así como tantas veces nos hemos puesto de pie cuando pensábamos que nada nos haría levantar de la cama, esta vez no será la excepción. Es una prueba más que nos presenta la vida para demostrarnos lo que fuimos, lo que somos y lo que no queremos volver a ser.

No nos detengamos en aquello que, dadas las circunstancias, por el momento no tiene solución y dejemos esa energía para más adelante que ahí sí es posible que la necesitemos.

De esta pandemia podemos salir fortalecidos y aunque nos cueste verlo es muy probable que dependa más que nada de nosotros. Pasemos un escáner por nuestra vida y detectemos aquello que puede generar una transformación fructuosa para encarar el futuro más encaminados, con herramientas estabilizadoras para ganar, porque si algo merecemos ganar es esto, nuestra vida.

UN FUTURO CON OJOS DE ESPERANZA