Escritos 30-05-2020

EL PODER DE UN MI ABRAZO

 

Por Vienna

 

Con la temporada de frío no tengo ganas de salir a la calle y menos de noche. Eso me pasó siempre pero ahora ya no necesito la excusa perfecta para cancelar salidas. Otoño, mi estación favorita se está yendo y no pude disfrutar de sus hojas amontonadas en las veredas. Es lo que más lamento.

En breve vamos a darle paso al invierno, algo que detesto. Es la estación menos sexy del año. Necesito mi pijama, mis medias y taparme, por lo menos, con 10 kilos de frazadas. ¿A quién le daría ganas de estar con una persona así al lado?  Se me acortan los plazos y evidentemente voy a seguir un tiempo más sola.

 

Hoy, durante mi ronda nocturna de malbec, me puse a reflexionar -porque, como decía Cortázar, nada más lindo que filosofar con una copa en la mano - ¿Besos o abrazos?  

Probablemente muchos de ustedes responderán lo evidente: “y”. Sin embargo, llegué a la conclusión -si bien lo ideal es elegir ambos al mismo tiempo- que si tengo que elegir entre uno de los dos, no me resulta difícil. 

Cuando era adolescente veía a mis amigos que competían por ver quién había besado a más chicas en una noche de boliche. Evidentemente, no importaba la calidad sino la cantidad. Si, un horror.

 

Tengo que reconocer que no soy de las personas que andan abrazando por la vida (la pandemia me hizo un favor con este asunto). Mis abrazos los cuido demasiado. Incuso, a veces siento que necesito mantener mis manos liberadas para poder estar a la defensiva. Nunca se sabe.

Cuando abrazo estoy dejando de lado quien soy y estoy mostrando esa faceta que tanto me cuesta sacar a la luz. Un beso, en cambio, no me genera lo mismo.

Es probable que pensemos diferente y, a decir verdad, amo que eso suceda. Sólo yo sé que las veces que abracé a alguien le entregué mi corazón.

 

Un abrazo correspondido es lo mejor que me puede pasar y sin embargo a veces los cuido como si alguna vez se fueran a acabar. Y cuando hablo de abrazos me refiero a todo tipo de ellos; con amigos, familia y con una pareja o relación “libre”. Aunque con la segunda copa de Malbec ya me doy cuenta de que a un “touch and go” (relación casual) jamás correspondí los abrazos.

Es por todo eso que puedo hasta contar el número de personas que abracé. Esa es la gente que tengo en mi corazón y por diferentes motivos sentí la necesidad de hacerlo y no me arrepiento de ninguno de ellos.

 

A esta altura tengo dos conclusiones: o el vino saca pensamientos que de otra manera no se cruzarían por mi cabeza o la clave está en los abrazos. Siempre apoyándonos en la premisa de que no suelo mentir, creo que sólo las personas que alguna vez recibieron mis abrazos podrían entenderlo. Ahora que también lo comprendí yo, sé que no voy a dudar. Ya no. Mi abrazo es la certeza de que ahí es donde tengo que estar.

 

De todas maneras, mientras recordaba esto, analicé los besos que yo había dado a lo largo de mi vida, o que me habían dado, para esto da casi igual. La realidad es que fueron muchos, algunos seguramente ya ni los recuerdo. Y eso que no competía con nadie. 

Pero, con los abrazos me pasa otra cosa. Puedo contarlos e incluso recordar cada uno de ellos. Cómo explicarlo… En el momento en que abrazo a alguien probablemente caigan muchos de mis escudos al suelo. Ahí soy frágil, vulnerable.Un abrazo sincero es mucho más que un beso; es casi desnudarse para que el otro sienta tu corazón y se de cuenta de que lo necesitás, de que lo querés.