ESCRITOS 07-07-2020

GESTIÓN DE LAS BUENAS IDEAS 

 

 

Por Patricia Elmeaudy


 

Gestionar ideas con un equipo de personas talentosas, decididas y generalmente exitosas es una experiencia fascinante. 

Una idea buena es como un tesoro que estaba escondido y de repente nos muestra su brillo. No hay que distraerse para que no se escape. Acercarse despacio con cuidado, sacarle la tierra y las hojas secas que la cubren. Aguardar a que se aclare y se muestre en todo su esplendor. 

 

¡Qué maravilla tener de vez en cuando una buena idea! Darle vueltas y vueltas, hasta convencernos de que realmente vale la pena contársela a otros. Llegará más tarde el momento de decidir con quienes desarrollarla. Un gran desafío. 

 

La idea de un integrante del grupo se irá transformando en la idea de otro, y de otro, y de otro más; y así sucesivamente hasta que surja un proyecto del que cada uno se sienta protagonista. Eso es lo que suele funcionar para que no sea sólo un buen intento con destino de papelera.

Muchas reuniones, mucho tiempo de trabajo arduo alineando intereses diversos y hasta contrapuestos, equilibrando expectativas diferentes y administrando egos. Si nos va bien quizás tengamos entre manos un proyecto.

A partir de allí comienza la división de las tareas, en las que todos tienen que sentirse importantes, necesarios y hasta imprescindibles. Seguramente en poco tiempo sean sólo unos pocos los que “hagan lo que hay que hacer” pero eso quedará entre nosotros, los que estamos convencidos que hay que seguir adelante.

 

Es un buen proyecto ¿y ahora qué?

Siempre he sido amante de las pruebas piloto, y empezando por la que tiene más probabilidades de que salga bien. Tal vez suene a hacer lo que es más fácil y esquivar lo complicado. Y hasta alguien puede estar pensando: ¡viveza criolla! ¿Así es como no fracasan?

Si el equipo mantiene a todas las instancias involucradas (y todas es todas: instituciones y personas), informadas y entusiasmadas con el resultado final, podemos seguir “empujando el carro” sin desviarnos de la senda trazada. Y llegará el día en que estaremos en condiciones de escribir el proceso de la A hasta la Z. 

Siempre que digo esto me acuerdo de mi infancia. Perdón por la digresión, es que todos los jueves antes de ir al colegio esperaba con ansiedad la llegada de mi revista favorita Anteojito y Antifaz; de la A hasta la Z las mejores historietas.

Esa misma ansiedad que ahora me generan las ideas, los proyectos y sobre todo verlos en ejecución.

 

En caso que la buena idea no sea propia habrá que descubrir qué esperan de nuestra participación. No importa el por qué sino el para qué. Es un buen punto para asumir el rol que nos corresponde, aunque los roles no suelen ser estancos.

Los equipos de trabajo se van ensamblando, se van amasando con el conocimiento, la confianza, los buenos gestos y la necesidad de contar con el otro. Una gran fortaleza para gestionar es que hagamos sentir bien a quien tenemos al lado. Tal vez esperaban que dijera que es darle directivas claras y concretas. Pues si es así no sigan leyendo porque voy a decepcionarlos.

 

Es así que llegamos al momento de decidir” la largada”. 

Y ahí es bueno probar, la famosa prueba piloto, con las mayores posibilidades de éxito. Porque sin dudas es una buena forma de ajustar detalles, de estimularnos, de valorar nuestro esfuerzo como equipo de trabajo y sentirnos orgullosos del resultado.

Y ahí es bueno probar, la famosa prueba piloto, con las mayores posibilidades de éxito. Porque sin dudas es una buena forma de ajustar detalles, de estimularnos, de valorar nuestro esfuerzo como equipo de trabajo y sentirnos orgullosos del resultado.

Y aquí un secreto que no conviene revelar, los buenos proyectos crecen por la envidia (sana envidia si es que existe) Los más díscolos pensarán: ¿Cómo no estoy haciendo “eso” que a otros les funciona tan bien?¿Por qué no me lo ofrecieron a mí primero? ¡Quiero hacerlo ya! Entonces sabremos que logramos gestionar una buena idea hasta convertirla en un programa en ejecución.

Y en honor a mi querida amiga Silvina va este otro secreto: Los grandes proyectos fracasan por las pequeñas cosas.

 

La traducción callejera sería: Que nadie deje “su pequeño paquete” en la ventanilla equivocada. 

El éxito está en los detalles. Sobre todo de aquellos que no participan de lo que creemos fundamental. Sin embargo si fallan puede que lo importante nunca ocurra. 

Dra. Patricia Elmeaudy

MN 60325