Escritos 13-06-2020

¿Y SI DEJAMOS DE ANALIZAR CADA MOVIMIENTO?

 

Por Vienna

 

Si me daban a elegir, me quedaba con un hombre más grande antes de salir con uno bastante menor a mi edad. Qué se yo… siempre fue así. Amo la inteligencia y la cortesía y una palabra dicha en el momento preciso solía ser fundamental para que pase días enteros soñando. Obviamente, para que mi vida mantenga la habitual línea de complejidad, hace ya bastante tiempo que quienes más se acercan son los jóvenes. 

 

Nunca voy a entender el motivo que hace que un “chico” llegue a fijarse en alguien bastante mayor a él. Obviamente, mi rechazo es casi sistemático aunque tengo que reconocer que con los años aprendí más con ellos que con los de mi edad o incluso mayores. Son diferencias generacionales tan marcadas que sólo alcanza con una sencilla comparación para notar los efectos y la corrosión del paso del tiempo. Y ese pensamiento nada tiene que ver con un tema sexual. Va más allá de eso. 

 

¡Qué tema el de la edad! A veces comparo conversaciones o actitudes y me da pena cómo esas personas que alguna vez fueron jóvenes y se la “jugaban” por lo que querían, hoy se preocupan más por no molestar con sus mensajes, con sus palabras. Si el tiempo intenta convertirme en eso, necesito pegar el volantazo que me traiga de vuelta. 

Nada me moviliza más que una persona que se arriesga a decir lo que siente y que no le molesta si envió cien mensajes o es el primero en saludar cada mañana. 

 

Simplemente, porque no lo está analizando. Porque le parece una estupidez guardarse las cosas. Tampoco intenta buscar un tema de conversación inventado para hablarte cuando el famoso “hola” solucionaría todo. 

A lo mejor, somos de una generación que siempre se dedicó a pensar y analizar cada movimiento. También es posible que las decisiones de nuestras relaciones las basemos en un tablero de ajedrez. A veces, por analizar tanto, el alfil logra derribarnos a la reina. La vida sigue corriendo mientras vamos caminando lentamente a su lado impávidos, sin reacción.

Amo la filosofía, la copa de malbec y recordar el pasado, pero me quedo con el presente y busco enfocarme solamente en él. No me importa la diferencia de edad para ninguno de los dos lados, pero sí, la falta de valentía y el dejar pasar la vida sin modificar lo que ya se sabe que está mal.

Hoy, un hombre de treinta años es lo suficientemente adulto como para mantener un diálogo interesante y lo necesariamente chico como para conservar ese fuego interior que logra sacarte las mejores sonrisas; los mejores besos. Si es tan sencillo, y no se necesita nada más para ser felices... ¿a qué le tememos?

 

Si bien me considero de esa rama intelectual, los vapuleados “nerds”; la espontaneidad de los jóvenes cada día logra sorprenderme más. Mientras esos que me apasionaban con sus discursos frente a mis eternas ganas de aprender daban cátedra, los jóvenes con su desparpajo actuaban sin pensar en las consecuencias de sus palabras o de sus actos. Sólo motivados por la autenticidad, el deseo. 

A pesar de no asegurar que cambié de opinión, creo que en mi generación estamos demasiado “quemados” y con tanta carga encima.que perdimos lo más importante que teníamos, nuestra esencia: justamente la pasión. Entonces un día, te encontrás con un señor que intenta conquistarte a través de sus bienes materiales, como si eso de verdad importara o comunicándose con palabras “difíciles” para mostrar su intelectualidad. Del otro lado, sólo mediante la espontaneidad, dicen lo que sienten y llegan a conquistarte así de fácil.