POLÍTICA 19-06-2020

“MIENTRAS PALPITE MI FIEL CORAZÓN”

 

 

Por: Laura Calle Rodríguez

 

 

No somos esenciales, no somos libres. Una pandemia sumada a esta extraña democracia nos obligó al confinamiento. Nuestros negocios están quebrando; esas empresas históricas o aquellos bares notables cierran definitivamente sus puertas y estamos conmocionados. Probablemente nos es culpa de un gobierno en particular pero sin embargo vemos que a aquellos que tienen movilidad propia los dejan circular. Entonces… ¿será que es un tema de pobres y ricos? ¿El problema es con el transporte público? 

 

Nos enteramos por nuestra máxima autoridad que merecemos que nos reten por salir a correr, caminar o abrir nuestro local de ropa. Hace tantos años que no me retan de esa manera que me siento aislada en mi propio aislamiento. 

Vemos las cifras de infectados, las amenazas de un pico que parece nunca llegar y que incluso nos dijeron que tal vez no llegue nunca. De repente, nada nos sorprende, todo nos pasa por al lado. Somos como esas vacas que ven pasar el tren al costado de la ruta. Simplemente levantamos la cabeza para luego volver tranquilas a comer pasto.

Perdimos la libertad y lo único que nos interesa es denunciar a aquellos que se reúnen, agredir a los que salen a correr o a quienes no pueden aguantar más la cuarentena, sencillamente porque ya no tienen más plata para seguir.

 

Siempre admiré el poder de adaptación de nuestra gente. Nos quedamos inermes, sin reacción y en el fondo de nuestro corazón ni siquiera estamos convencidos de cómo podemos contagiarnos. Nos asustan y nada podemos hacer porque tampoco tenemos una verdad absoluta y este maldito miedo es tan terrible como perder la libertad. 
 

Estamos a un paso del 20 de junio y se me viene a la mente esa frase atribuida a Manuel Belgrano “la vida es nada si la libertad se pierde”. Listo. Perdimos la libertad. No podemos resignar más cosas. 

Si el año pasado nos decían que sucedería esta catástrofe, nos hubiéramos reído. Pensar que lo que tanto nos asustó fue ese apagón en casi todo el país. Eso nos volvió tan vulnerables y simplemente duró un rato ya que en seis horas algunos habían recuperado la electricidad. Justo el día del padre de 2019.

 

Este domingo, pero con un año de diferencia, también festejamos el día del padre, aunque sea a la distancia y a muchos de nuestros políticos la situación los supera y no es para menos: se nota el cansancio de la gente y las ganas de ver a nuestros hijos o padres aunque sea a través de un vidrio. 

 

Hace un año le temíamos a un apagón y hoy tenemos luz (algunos) pero no podemos salir a la calle, a trabajar. ¿Somos anticuarentena porque necesitamos salir a trabajar? ¿Estamos a favor de la muerte? ¿Por qué nunca vamos a entrar en los grises y entender al otro, ponerse en su lugar? Eso es empatía.

 

 

 

Pero aguantamos, eh. Qué nos maltraten, que nos den cátedra, que digan que el virus en el aire duraba desde diez minutos hasta tres días. Casi que llegamos a la mitad de año y perdimos nuestro derecho de trabajar, de caminar, de vivir.

 

No nos reten más porque ya estamos entregados. Perdimos nuestro trabajo o no sabemos si el próximo mes lograremos cobrar un sueldo.

Perdimos. Una vez más, como hace tantos años. Salve Argentina...

 
DÍA DE CUARENTENA NÚMERO: "X"

FOTO:. J.P. REBUFFI