Salud 26-06-2020

LA DISLEXIA EN LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI

 

 

Por: Patricia Elmeaudy

 

 

La dislexia es el trastorno de aprendizaje más frecuente entre la población de edad escolar. Se da en niños que no presentan ningún hándicap físico, psíquico ni sociocultural. 

 

Aunque es difícil calcular exactamente cuántos disléxicos hay en el mundo, la literatura internacional sugiere que al menos el 10% de la población la padece, lo que equivale a alrededor de 700 millones de personas.

Dentro de todo lo que nos “quita” la pandemia y la situación de aislamiento social que nos impone el Covid19  es una inmejorable oportunidad para replantear esta realidad con la que conviven tantas familias,  y que por su habitualidad, aunque  trastornan la vida familiar y hasta  la infancia, lo asumimos con cierta dolorosa naturalidad.

 

El primer paso es sin dudas hacer un buen diagnóstico, no todos los niños presentan las mismas dificultades o características. Por lo tanto, es esencial el trabajo del pediatra en equipo con el neurólogo, psicopedagogo y fonoaudiólogo para hacer un diagnóstico exhaustivo, y establecer programas de intervención específicos.

 

Vale la pena saber que los disléxicos son personas con inteligencia media a medio-alta, que presentan dificultades en temas relacionados fundamentalmente con la lectura y la escritura.

 

Según el CIE-10(Clasificación Internacional de Enfermedades 10ºrevisión), estos niños manifiestan de forma característica dificultades para recitar el alfabeto, denominar letras, realizar rimas simples, analizar o clasificar los sonidos y/o memorizar secuencias numéricas.

Sin embargo la mayor dificultad  que tiene la dislexia es que no es compatible con nuestro sistema educativo, pues, dentro de este, todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito, por lo cual el niño disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias, porque no es capaz de llegar a su significado a través de la lectura.

Deben poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tienden a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y hasta rechazar ir a  la escuela. Algunos padres y profesores creen que se trata de desinterés y presionan para conseguir mayor esfuerzo, sin comprender que realizando estas tareas, ellos se sienten como si  cualquiera de nosotros, estuviéramos en clase de jeroglífico egipcio.

 

El acelerado ingreso de la tecnología a nuestras vidas tal vez sea el puntapié inicial para pensar en cómo incorporar definitivamente al aprendizaje escolar  nuevas herramientas con un criterio moderno e inclusivo.

 

Durante años, muchos han sido considerados vagos, torpes o despistados. Esto ha fomentado el fracaso escolar y múltiples síntomas  asociados a no cumplir con las expectativas de padres y docentes. Problemas de autoestima, estrés, dolores de cabeza, insomnio, apatía y desinterés hacia todo tipo de aprendizajes.

La legislación de nuestro sistema educativo aboga por la “Atención a la diversidad”, pero  en la realidad las escuelas siguen teniendo condicionamientos y criterios rígidos  para aprobar o repetir el grado, sin tener en cuenta que no todos aprenden al mismo ritmo ni sus mecanismos de aprendizaje son los mismos.

Este tema ofrece una amplia reflexión, pues el fracaso escolar de los niños con dislexia afecta severamente el funcionamiento de  numerosas familias. Sus hijos tardan varias veces más que sus compañeros en hacer los deberes y en general sus carpetas están incompletas, dedican muchas horas para prepararse en los exámenes y “apenas” aprueban, no les queda tiempo libre para jugar porque tienen que ir al psicopedagogo, psicólogo y/o fonoaudiólogo y, en definitiva, pierden la mayor parte de su infancia sin disfrutar de  ningún resultado positivo.

A esta altura es difícil aceptar que la dislexia es sólo un problema del niño y su familia. Nosotros como sociedad, y en particular los que trabajamos en el ámbito de la salud, debemos aprovechar el impacto tecnológico y su penetrancia en los hogares para bregar por adaptar la educación a sus necesidades.

Acompañar a las escuelas en la actualización de planes educativos  que contemplen diferentes abordajes, distintos de la lectoescritura, que aporten realmente a la inclusión de la diversidad.  Trabajar sobre las fortalezas intelectuales de estos niños, que suelen ser muchas.

Y sobre todo cuidarles la infancia.

Leonardo Da Vinci, Graham Bell, Thomas Edison, Albert Einstein, Pablo Picasso, Steven Spielberg entre otros, sufrieron fracasos escolares. Todos ellos padecían dislexia. Todos ellos, adultos imprescindibles.

 
REPLANTEAR UNA REALIDAD. LA IMPORTANCIA DE UN BUEN DIAGNÓSTICO