Sociedad 15-05-2020

EL DILEMA DE ADAPTARSE A LOS CAMBIOS

 

Por Laura Calle Rodríguez

 

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre el periodismo; si debe ser objetivo, como se enseñó en las facultades hasta el hartazgo o si ya se puede afirmar a viva voz que el periodismo jamás dejará de emitir su opinión, ya sea de manera solapada o incluso en forma explícita. 

 

La realidad es que los años pasan y en ese andar se van perdiendo costumbres -para algunos es algo negativo- pero otro sector lo vive como lo nuevo, algo que vino para quedarse, para dejar una opinión y no sólo describir una acontecimiento sin más que informar con detalles una escena.

La sociedad fue evolucionando y en ciertos casos la opinión le da valor a una nota. Cada quien es dueño de ver o leer lo que se le ocurra y no debería ser juzgado el periodista que emite opinión deliberadamente. Que existan  periodistas que cambian su relato con el paso de los años no es motivo para apuntarles con el dedo acusador que solemos tener los argentinos. Acaso uno no cambia su opinión con el paso del tiempo? Si esto no fuera así ¿de qué evolución estamos hablando? 

 

De esta manera se formaba para lo que vendría desde el corazón mismo de las noticias y era un método que formaba a los jóevenes como se dice vulgarmente “para salir a la cancha”.

Pero, considero que la formación no debería ser causante de ningún mal en este aspecto. En tal caso, habría que replantearse el nivel de las universidades y preguntarse porqué los alumnos egresan del colegio con errores ortográficos.

Que ya no existen periodistas como el estadounidense John Reed, es probable, un amante de su trabajo que era capaz de jugarse la vida por la profesión es difícil de encontrar, si no imposible. Sin embargo, considero que hay un movimiento de jóvenes que luchan por sus ideales y de alguna manera tienen la valentía de Reeds a la hora de conocer la verdad. 

 

De Reeds se dijo “El peligro jamás lo detuvo. Era su elemento natural. Siempre se las arreglaba para llegar a las zonas prohibidas, a las líneas avanzadas de las trincheras”, evidentemente era un distinto en lo suyo. Pero cada quien tiene su manera de hacer periodismo y no se puede vivir en el pasado porque estarìamos estancados e inmovilizados.

A lo mejor lo que necesitamos es un cambio que nos devuelva la pasión esa de la que habla el gran Gabo “éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada”, pero combinada con los tiempos que corren. Reinventarse. Porque al fin y al cabo la comunicación tiene que ver con eso y, con el paso del tiempo, no sólo se perdieron costumbres periodísticas sino que el diálogo le dejó su lugar a nuevas tecnologías. Si ya no podemos mirarnos a los ojos como pretendemos que podamos llevar esa cofradía de grupo a la que hace referencia García Márquez. Si ya una muerte no nos conmueve; si un un paisaje sólo nos provoca correr a tomar la fotografía con el celular para subir a las redes, ¿por qué el periodismo debe estar excento de ello? Son demasiados los cambios que debemos hacer pero la culpa de todo no la tiene ni la tecnología, ni las univeridades. A lo mejor llegó la hora de hacernos responsables de nuestra propia vida; de nuestras elecciones.

 

Gabriel García Márquez tiene una trayectoria incuestionable. No cualquier escritor es merecedor del Premio Nobel de Literatura y nosotros de eso conocemos bastante. Sin embargo, y con la vergüenza que me puede generar discrepar con algunas de sus palabras, considero que en su discurso “El periodismo es el mejor oficio del mundo”, pronunciado en la 52° Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, algunos de sus conceptos no son del todo afortunados. “Que todo tiempo pasado fue mejor” ya es una frase que hasta lastima porque justamente por formar parte del pasado, no podemos modificar nada o volver el tiempo y continuar anclados en él. El estudio no hace que los periodistas sean menos profesionales. Probablemente, otorga herramentas para poder defenderse justamente a ataques, muchas veces de los propios colegas. También, y para ser justa, reconozco que antes el periodista era autodidacta y aprendia todo en una redacción.

NECESITAMOS UN CAMBIO QUE NOS DEVUELVA LA PASIÓN