Sociedad 17-06-2020

LA NIÑEZ: DEUDA Y COMPROMISO

 

 

Por: Patricia Elmeaudy

 

 

Los conceptos de niñez y de infancia son construcciones socio-históricas, que han cambiado a lo largo del tiempo, y que a la vez adquieren diferentes significaciones para cada sociedad y cultura. Conocer algo más de como se  ha transformado la mirada de la sociedad respecto de los niños, es por sobre todo un intento de llamarnos a la reflexión. 

 

Recordar el compromiso social plasmándolo en hechos que los respete como tales y mejore su calidad de vida es una deuda de la humanidad, ahora revitalizada en tiempos de pandemia por el aislamiento involuntario pero necesario.

A lo largo de la historia, la infancia parece haber sido "el compás de espera" para la vida adulta, por lo que esta etapa siempre se ha intentado acortar tanto como ha sido posible.

Así se intentaba convertir, lo más pronto posible, al niño en un soldado, en un artesano o en un campesino; y a la niña en una esposa capaz de parir hijos, cuidarlos y educarlos; además de trabajar en el hogar, y muy tempranamente en el campo o en la fábrica.

 

esencialmente malos o esencialmente buenos, en ninguno de los casos se tenía en cuenta al sujeto, sino como fetiche en uno u otro sentido.

A partir de la modernidad se vuelca la mirada al sujeto individual. Dentro de esa concepción empieza a configurarse el niño como sujeto, como ser real capaz de percibir el mundo de una manera diferente a la del adulto. 

Y a partir de mediados del siglo XX se producen avances realmente importantes en la concepción de niñez, el desarrollo de la pediatría, y el gran salto adelante en relación a los derechos de los menores.

Sin embargo aunque la concepción del niño en el plano jurídico ha evolucionado, la realidad económica y social que dio lugar a la idea de propiedad o recurso económico persiste, y sirve de sustento ideológico a  la explotación económica de millones de ellos en todo el mundo.

En América Latina, las niñas y los niños trabajan mayoritariamente en el sector informal de la economía, con frecuencia invisibilizados en talleres textiles caseros, en la producción artesanal de bienes de consumo, como vendedores ambulantes en las calles, o bien en los basureros recolectando desechos.

 

Recién en pleno siglo XX con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de forma general, la Declaración Universal de los Derechos del Niño y, sobre todo, la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) se constituyen las  herramientas fundamentales para aspirar a un mundo distinto, en el que el desamparo y las brutalidades históricas contra los menores puedan empezar a superarse de forma global.

En el plano emocional la idea del juicio o de la opinión que de ellos se tiene desempeña un papel importante en la elaboración de esa madurez psicológica en la que se tejen cada día sus actos y sentimientos. Esta aprobación o desaprobación en la niñez marcará significativamente el desarrollo de su vida adulta.

La aprobación de los padres es la futura aprobación del mundo que lo circunde en su adultez.

Si bien la niñez ha sido vista de diferentes formas a lo largo de la historia, todas las visiones han tenido más teoría que práctica ya que aún más allá de que sus derechos han sido reconocidos , estamos aún muy lejos de que estos sean respetados.

 

En definitiva lo que se consideraba como un “bien social productivo”.

Antes de la modernidad no se conocía la infancia. La razón de educarlos era para alcanzar el ser adulto que ayudara a conservar el grupo social. 

Prueba de ello es que en los textos históricos la infancia parece haber sido invisible. Siempre aparecen las grandes batallas y los grandes personajes. La vida cotidiana y doméstica, y la infancia en general no han sido temas de interés. Sin contar por supuesto, reinas o princesas con suertes diversas.

Luego aparecieron dos formas totalmente opuestas de ver a los niños:

 

No hemos sido capaces siquiera como humanidad de dar un  trato amoroso a aquello que todos nosotros alguna vez hemos sido.

Un presente profundamente desigual si tenemos en cuenta que parte de la infancia ha alcanzado dignidad, respeto y acceso a recursos , sin duda  importantes y esperanzadores pero que  hay  millones de niños anclados en un pasado indigno, sumergidos en la pobreza, y aún sometidos a la más vil explotación emocional, laboral y sexual. 

Esta pandemia es una nueva oportunidad que tenemos como sociedad para reflexionar y no defraudar a esa infancia con la que todavía seguimos en deuda. Renovemos nuestro compromiso para trabajar por  el respeto a la niñez en hechos y no sólo en palabras.
 

Dra Patrícia Elmeaudy - MN 60325 -