Sociedad 25-05-2020

¿ACOSTUMBRADOS AL ENCIERRO O SÍNDROME DE ESTOCOLMO? 

 

 

Por Laura Calle Rodríguez

 

Y un día nos vimos obligados a quedarnos en casa para cuidarnos y cuidar a los demás de una pandemia -una palabra que ni siquiera teníamos incorporada- que acechaba al mundo entero. Nos costó adaptarnos. ¡Cuánto nos inquietamos y quejamos! Algunos, incluso asegurábamos que era imposible cumplirla; que no podríamos aguantar más de dos días ese confinamiento establecido por un decreto presidencial. 

 

Nosotros, tan acostumbrados a salir de casa y vivir más afuera que adentro; organizando reuniones y preocupados sólo en que no se nos superpongan los horarios y así poder cumplir con todo. Llegar a casa era cenar y conversar ese rato con nuestra familia antes de irnos a acostar.

Aguantamos la primera extensión de la cuarentena a regañadientes; con nuestras emociones en un sube y baja que un día parecía que esto de estar aislado era una buena idea para reconvertirnos y pensar en lo que queríamos hacer y a la mañana siguiente nos invadía la angustia generalizada, preocupados por nuestras finanzas y la necesidad imperiosa de reencontrarnos con familiares o amigos y abrazarlos. 

Ahora, después de más de sesenta días ya no tenemos tan claro lo que queremos.

 

O tal vez no amábamos esa vida como creímos y en este “nuevo” espacio nos sentimos protegidos; tenemos todo controlado y sabemos que nuestro grupo está a salvo simplemente por no movernos de casa.

Cuántos de nosotros ni siquiera pensamos en la terminación del DNI porque ya no estamos seguros de querer que este estilo de vida se termine. Porque amamos la nueva realidad en la que intentamos preparar diversas recetas; realizamos diferentes cursos online; o por fin nos involucramos con la lectura que siempre habíamos postergado. 

 

Muchos hemos limado asperezas con nuestro grupo de convivencia o simplemente nos hemos adaptado y acostumbrado a compartir el espacio con ellos. Otros, a la vida en soledad. Lo cierto es que ya no todo el mundo siente esa desesperación por salir. Incluso, ir hasta el supermercado, lo que hasta hace unas semanas veíamos casi como un paseo y la posibilidad de sentir el sol en nuestro rostro, se ha vuelto una obligación que preferimos evitar.

¿Qué nos pasa? ¿Nos acostumbramos tan rápido a este nuevo estilo de vida que en dos meses reseteamos nuestro cerebro y olvidamos lo que amábamos hacer?

AHORA YO DECIDO QUEDARME EN CASA

 

A veces hasta nos cuesta hablar con allegados a través de videollamadas porque necesitamos proteger nuestro espacio que incluye la soledad, la falta de horarios, la libertad interior. Justamente cuando habíamos sentido la pérdida de libertad es cuando nos sentimos más libres.

¿Nos acostumbramos a vivir de otra manera tan rápido o estamos sufriendo una suerte de Síndrome de Estocolmo, como un efecto postraumático?

Cada día nos encerramos más en nosotros mismos y, a pesar de que esperamos que la cuarentena termine para poder trabajar, muchos creemos que si no fuera por la necesidad económica, cambiaríamos nuestra vida. Sin embargo, esta vida tampoco es real. Es importante mantener un equilibrio, reinventarnos y aprender de cada situación para poder salir fortalecidos en distintos aspectos.

Es bueno no estar desesperados por el encierro, pero tampoco creamos que sólo aquí estaremos seguros. Probablemente nuestra vida de un giro luego del Covid19. Ojalá que podamos fortalecer nuestra empatía, nuestra paciencia y sigamos poniéndonos en primer lugar. Pensemos en lo que amamos para ya nunca más olvidarnos de dedicarle tiempo. Ahora sabemos que ignorábamos cosas y situaciones que podían hacernos muy felices y dejamos de lado por lo que creíamos indispensable.

Libertad es la facultad o capacidad del ser humano de actuar según sus valores, criterios, razón y voluntad. No podemos salir a la calle normalmente, es cierto, pero… ¿perdimos realmente la libertad? A lo mejor eso sucedió cuando creíamos que hacíamos lo correcto y nos seníamos libres de poder hacerlo mientras éramos víctimas de nuestra mente y de lo que entendíamos como correcto para ser felices.