La naturaleza del hombre es adaptarse a los cambios del universo, a las modificaciones que pueden desprenderse en un planeta que nunca está lo suficientemente preparado para sostener la  diversidad. Pero de alguna forma, el poder adaptativo, la resiliencia,  las necesidades  y las pulsionales nos llevan a buscar respuestas a nuestra angustia;  y cuando el prejuicio sobre un sexo virtual, que respondía a un comportamiento adolescente que toca los primeros placeres de la pubertad, nos abre a un mundo de respuesta en un momento que nadie penso atravesar.

SOCIEDAD 29-04-2020

EL SEXO VIRTUAL EN ÉPOCAS DE PANDEMIA

UNA SOLUCIÓN RÁPIDA Y EFICAZ EN MATERIA DE SEXUALIDAD

 

Pero pensemos primero en el concepto que radica el sexo virtual, a donde nos remite y porqué hoy se establece como una forma segura desde los canales sexuales. El sexo virtual no es algo novedoso en escencia y hace su anclaje en la masturbación pero permite la interacción llevándolo a un nuevo escenario que es el mundo virtual donde la sexualidad explora un nuevo ámbito para el placer y el goce.

 

De esta forma debemos pensar un sexo virtual como un instrumento que responde a romper las estructuras de una sexualidad estática y rígida, donde  los seres necesitan, en la dinámica de la evolución, establecer nuevos mecanismos de estimulación. Es justamente ahí donde ingresa la era digital con toda su fuerza para establecer formas diferentes que recaen en lo visual, donde sensiblemente permite un vínculo distinto, necesariamente distinto que lo hace un juego que es propiamente aquello que mantiene viva una relacion sexual.

 

El sexo virtual convive con términos como sexting, nudes, sendnudes, en donde el intercambio de material y elementos eróticos son la clave en la estimulación de la práctica, tal como lo fueron las revistas eróticas o las primeras películas condicionadas. Hoy la pornografía mueve una economía muy elevada en los marcos de las redes sociales y la era de internet, y esto es un indicador del consumo y de la demanda en este nuevo paradigma que podemos empezar a pensar en la sexualidad humana, donde el sexo virtual encontró una puerta importante para establecerse en las relaciones como una práctica necesariamente vital para muchas personas, un modo, una herramienta autoerótica que se conecta a la exposición del cuerpo y de la mente en un espacio virtual para manifestarse en un vínculo con uno o unos otros.

 

La pandemia Covid19 fue esa gran puerta que encontró el sexo virtual para establecerse sin pedir permiso y con un respaldo en este momento que atraviesa el planeta, exponiéndolo con un sello de sexo seguro, como una respuesta ante un terreno que propone un aislamiento social y el distanciamiento como la clave para la prevención de la propagación del virus. De esta forma, el sexo virtual se acomodó en los dispositivos móviles y en los ordenadores de las personas, para romper el prejuicio sobre aquel que podía convivir con una masturbación activa. Logró unificar un nuevo concepto, una nueva forma de experimentar el placer y una practica sexual; impidiendo que pueda ser visto como un fenómeno desde un punto de vista científico, sanitario, sociológico, como algo que atente contra el bienestar o la integridad psicofísica de la persona.

Así debemos entender el sexo virtual, como una práctica que nace con las nuevas generaciones, pero que se propaga a todas de la mano de la tecnología como aquello necesariamente vital, impulsada por un mecanismo de juego que envuelve todo tipo de erotismo. Involucra a los hombres y a las mujeres desde un mismo lugar de participante activo, brindando un lugar pleno de goce, encontrando placer en la sensibilidad de las percepciones, las fantasías y el fetichismo que no puede desvincularse en toda esta gestión del sexo virtual, sin descriminar un sexo virtual casual, o un sexo virtual para una pareja o relación prolongada entre dos o más personas.

 

En resumen, la pandemia Covid19 atacó directamente al contacto entre las personas, a esa aproximación tan necesaria en la relación sexual, tan vital. Como respuesta ante la imposibilidad de un normal desarrollo de la sexualidad, el sexo virtual toma la posta para preservar la salud sexual y psíquica  de los seres humanos, y propone un acercamiento que mantiene vivo ese contacto en términos digitales; que permite sostener saludablemente el placer de un encuentro sexual.

 

De esta forma, en todo el desorden que genera esta problemática a nivel planeta, ya sea en términos sanitarios, políticos, económicos, etc, el sexo virtual es tal vez una solución rápida y eficaz en materia de sexualidad, considerando una de las tantas problemáticas que nos despertó esta situación. Poder pensarlo como un poder adaptativo, una capacidad resiliente, una fortaleza o un intrumento resolutivo, y que es de alguna forma uno de los mejores  mecanismos defensivos que podemos desarrollar, ante la agresión de este virus que nos afecta y desestabiliza en todos los niveles emocionales y afectivos, y desde ahí se puede considerar que el sexo virtual es producto de la inteligencia emocional del ser humano que nos permite una adaptación al medio que hoy nos toca vivir.

Por Diego Doello